14 mayo 2009

EL ORIGEN DE LOS PALAFITOS


Según una antigua leyenda, hace muchos años, los primeros añú no tenían donde vivir. La tierra estaba se encontraba desolada y todos sufrían las inclemencias del sol, el viento, la lluvia; y otros elementos de la naturaleza… El hombre allí, en medio de su abandono, no tenía salida, era una “tierra desolada y mar infinito”.. Hasta que un joven, el primogénito de la familia, Apañakai, decidió penetrar una de esas dos inmensidades: El agua.

Aventurándose en el mar, Apañakai estuvo casi perdido, por varios días y noches se encontraba a la deriva, donde solo podía ver agua y sin lograr encontrar ningún lugar. Derrotado, decidió regresar al hogar donde todos esperaban sus noticias.

En el retorno, recogió un tallo que flotaba en las aguas, y con él llegó donde sus padres, quienes al verlo, se sintieron defraudados. Apanakai lanzó con fuerza y mucha tristeza aquel tallo, que al clavarse en la orilla de la playa, dio lugar a un frondoso árbol de aspecto singular. Un árbol con las raíces en el aire, como flotando en el agua y unas ramas tan altas y frondosas que logró servir de hogar a los antiguos hombres desde entonces.

Este relato recrea unas condiciones de vida inhóspitas que impulsan la búsqueda del héroe. Más que el realizador de un hallazgo, parece ser el receptor del árbol de la vida otorgado por los dioses de las aguas. El árbol que mágicamente crece en las orillas de la playa, hasta entonces desolada, no puede ser otro que el mangle (inkiikunun mangla).

Los manglares son un ecosistema conformado por espesos bosques de mangles de diferentes variedades y especies, que han constituido milenariamente un verdadero soporte cultural del pueblo añú, tanto desde el punto de vista material como espiritual, tal como el mito lo expresa.

Fuente:
QUINTERO WEIR, José. (1999). Casa-árbol que vive en el agua.

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